domingo, 24 de noviembre de 2013

Volver

"Tengo miedo del encuentro
con el pasado que vuelve
a enfrentarse con mi vida.
Tengo miedo de las noches
que, pobladas de recuerdos,
encadenen mi soñar.
Pero el viajero que huye,
tarde o temprano detiene su andar.
Y aunque el olvido que todo destruye,
haya matado mi vieja ilusión,
guarda escondida una esperanza humilde,
que es toda la fortuna de mi corazón"
Carlos gardel. Volver. 


Hace un año celebraba que había pasado un mes sin llorar. Que la glándula lagrimal había vuelto a su estado natural, y que los días ya no eran eternos. Pase tres horas sentada en un sofá contándole a un desconocido en medio de las lágrimas que el problema no era el ser del planeta reptilia... era más bien un problema mío con mi vida. Repetí esta escena muchas veces y a esta altura perdí la cuenta.

Pasaron tantas cosas en lo que para mí resulta ser tan poco tiempo, que cuesta creer que está llegando el fin de otro año, y el corazón se repone de otras tantas desilusiones que ya no tienen que ver con el amor, sino con las relaciones y el convivir con las personas del mundo el general. 

Un año después de la tusa puedo decir que efectivamente, de amor nadie se muere. La cabeza está programada para olvidar, creo yo, y lo que alguna vez fue muy importante y produjo punzadas de dolor que parecían eternas, hoy solo son recuerdos de un momento del que uno no se siente protagonista. Volver al pasado y recordar, en sentarse un poco a reír de las patéticas escenas que en este momento uno nunca encarnaría; y tal vez la conclusión de que eso pase es que todo lo que la gente repetía en el momento en que uno pensaba que no había nada más; todas esas cosas que retumbaban como estupideces, todo eso que hacía el momento miserable porque "nadie me entiende, ni entiende mi dolor"; todo eso era cierto, y para entenderlo y saber cuan importante es ahora, hubo que tener paciencia y esperar a que el tiempo hiciera lo suyo. 

Hace más de un año no escribía. Y es que por más que quisiera estar lejos del estado que me lleva a hacerlo, las cosas, o más bien la vida, funciona como un ciclo. Al final siempre termino llegando al mismo lugar del que partí para entender nuevamente que debo salir de él. Lo bueno de todo esto es que nunca se sale de ese punto de la misma forma en que ocurrió la vez anterior. Siempre hay algo nuevo que da la seguridad que aunque la situación sea más grave, y aunque todo parezca más difícil, el camino para llegar al cierre, jamás será igual que el anterior. 

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