jueves, 28 de noviembre de 2013

Estado: Soltera. Conclusión No. 1: El discurso.

Estar soltera: mi estado desde hace un tiempo. Porque creo que lo que llamaba amor, al final termina siendo una bonita experiencia de cómo dos humanos se fueron a jugar a la casita y quisieron ser adultos. Y el resultado de este estado, además de ver cómo van y vienen seres en mi vida, fue concluir que los hombres ganan un discurso por haber nacido, y lo usan hasta que mueren.

A veces me pregunto qué hace qué los hombres digan tantas estupideces y piensen que uno las cree. Porque el hecho de ceder y permitir muchas cosas, no significa que uno crea lo que dicen; terminar al final involucrado, emocionalmente jodido o enamorado, no resulta de creer en lo que dijeron, porque la consciencia del discurso, está. Es más bien un querer pretender cosas que no son, con personas que no son, en momentos no indicados. Yo creo que es más un asunto de terquedad.

Y cuando hablo del discurso me refiero a que, sin ser feminista, ni ninguna de esas pendejadas, las mujeres tenemos habilidades que los hombres no tienen; por ejemplo, recordar. Y es bien patético cuando después de 10 o 12 años de "vida amorosa", uno sigue oyendo los mismos cuentos, las mismas excusas y las mismas palabras, en diferentes hombres, de diferentes edades, tamaños y colores. "Por qué no llegaste antes a mi vida"; "yo te quiero"; "si te hubiera conocido antes, todo sería diferente"; "no eres tú, soy yo"; "no me preguntes nada porque me haces todo más difícil"... y otras tantas que seguramente usted que lee podría sumar al repertorio. El discurso es el mismo y en el año y medio que llevo sola, después de pretender jugar a la casita, lo he oído del hombre de 19, del hombre de 30 (viva la generación del 83), del hombre de 35, del de 28.

Y mientas dicen cosas, con cara de "yo de verdad te quiero", uno piensa las veces que le han dicho lo mismo, en circunstancias parecidas, y entiende que esas palabras tienen un sólo significado. Y mientras ellos siguen echando el cuento y disfrutando del "esta boba ya cayó", uno recuerda incrédulo que el crío de 19 -con el que se enredó un mes atrás- le dijo exactamente lo mismo que el 10 años mayor que ahora le habla.

A los hombres les entregan un discurso cuando nacen y lo repiten toda su vida. Siempre hay una boba que cae, y yo no me puedo salir del círculo, porque más de una vez he llorado mis ojos por culpa de algún "poeta". Después de eso queda disfrutar el discurso, y evaluar lo poco que vale un ser humano que en vez de ofrecer un buen polvo, ofrece una vida porque no tiene cómo más lograrlo. Si se tiene la habilidad para acceder sin perjudicarse, lo único que resta es aprovechar. Porque hay que convencerse de que "(...) uno viene al mundo con sus polvos contados, y los que no usa por cualquier causa, propia o ajena, voluntaria o forzosa, se pierden para siempre"1.
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1. Gabriel García Márquez. El amor en los tiempos del cólera. 


domingo, 24 de noviembre de 2013

Volver

"Tengo miedo del encuentro
con el pasado que vuelve
a enfrentarse con mi vida.
Tengo miedo de las noches
que, pobladas de recuerdos,
encadenen mi soñar.
Pero el viajero que huye,
tarde o temprano detiene su andar.
Y aunque el olvido que todo destruye,
haya matado mi vieja ilusión,
guarda escondida una esperanza humilde,
que es toda la fortuna de mi corazón"
Carlos gardel. Volver. 


Hace un año celebraba que había pasado un mes sin llorar. Que la glándula lagrimal había vuelto a su estado natural, y que los días ya no eran eternos. Pase tres horas sentada en un sofá contándole a un desconocido en medio de las lágrimas que el problema no era el ser del planeta reptilia... era más bien un problema mío con mi vida. Repetí esta escena muchas veces y a esta altura perdí la cuenta.

Pasaron tantas cosas en lo que para mí resulta ser tan poco tiempo, que cuesta creer que está llegando el fin de otro año, y el corazón se repone de otras tantas desilusiones que ya no tienen que ver con el amor, sino con las relaciones y el convivir con las personas del mundo el general. 

Un año después de la tusa puedo decir que efectivamente, de amor nadie se muere. La cabeza está programada para olvidar, creo yo, y lo que alguna vez fue muy importante y produjo punzadas de dolor que parecían eternas, hoy solo son recuerdos de un momento del que uno no se siente protagonista. Volver al pasado y recordar, en sentarse un poco a reír de las patéticas escenas que en este momento uno nunca encarnaría; y tal vez la conclusión de que eso pase es que todo lo que la gente repetía en el momento en que uno pensaba que no había nada más; todas esas cosas que retumbaban como estupideces, todo eso que hacía el momento miserable porque "nadie me entiende, ni entiende mi dolor"; todo eso era cierto, y para entenderlo y saber cuan importante es ahora, hubo que tener paciencia y esperar a que el tiempo hiciera lo suyo. 

Hace más de un año no escribía. Y es que por más que quisiera estar lejos del estado que me lleva a hacerlo, las cosas, o más bien la vida, funciona como un ciclo. Al final siempre termino llegando al mismo lugar del que partí para entender nuevamente que debo salir de él. Lo bueno de todo esto es que nunca se sale de ese punto de la misma forma en que ocurrió la vez anterior. Siempre hay algo nuevo que da la seguridad que aunque la situación sea más grave, y aunque todo parezca más difícil, el camino para llegar al cierre, jamás será igual que el anterior.