Tengo 27 años. Desde que tengo memoria he vivido en un país azotado por el conflicto; un conflicto en el que han confluido todo tipo de actores y que ha dejado todo tipo de víctimas. Un conflicto que he visto desde la comodidad de mi casa y que nunca me ha tocado. Un conflicto que me llevó apasionadamente a estudiar lo que estudié porque tenía la convicción de que podía hacer algo para cambiarlo.
Esto para hablar de los acontecimientos vividos desde el viernes pasado. Y no me refiero a lo que ocurrió en París, sino a la ola de comentarios llenos de odio y cargados de intolerancia que estallaron en las redes sociales de los colombianos con la misma furia con que estallaron los artefactos que acabaron con la vida de tantos en Europa.
No entiendo en qué momento sentir compasión o repudiar un acto de violencia se convirtió en un tema de discusión, y no constructiva sino destructiva. No entiendo en qué momento las palabras e imágenes de solidaridad hacia la humanidad convirtieron a algunos colombianos en apátridas. No entiendo bajo qué circunstancias una situación que nace en un contexto completamente ajeno al colombiano, bajo parámetros que distan mucho de explicar lo que nuestro país vive desde hace más de 60 años, ha servido como argumento para atacar a quienes defienden y creen en la paz.
Yo no puse una bandera de Francia en mi perfil de Facebook porque no me dio la gana de hacerlo, y sin embargo hoy públicamente me solidarizo con la humanidad; con los que sufren la guerra, con los que de verdad la viven o la han vivido, con las víctimas de mi país y de todos los países que han tenido que asumir las consecuencias de conflictos de todo tipo. Yo no escribí #prayforParis porque no creo en Dios, pero llevo desde los 16 años estudiando el conflicto en todas sus dimensiones y con todos sus efectos, y le he pedido a la vida por la estabilidad mental de la humanidad.
Yo no he hecho ninguna de estas cosas pero respeto y valoro al que lo hizo porque fue su forma de mostrar su desacuerdo con una situación que en cualquier lugar del mundo es injustificable. Y estoy segura que esos de la bandera y del #prayforParis han llorado a los muertos que ha dejado el conflicto colombiano, aquel en el que ha reinado la misma intolerancia que se apoderó el fin de semana de las redes sociales hacia quienes siendo colombianos, repudiaron hechos repudiables.
Yo no he olvidado a las víctimas del conflicto colombiano, ni he olvidado que el conflicto persiste. Al fin y al cabo estando lejos hay quienes se encargan de hacer comentarios para que nunca olvides que eres colombiano y violencia y guerrilla y narcotráfico. Pero hoy que justamente estoy lejos, viviendo la zozobra desde una nueva perspectiva, rechazo lo que pasó en Francia, en Turquía, en Siria, lo que viene ocurriendo en Palestina; me opongo a la violencia en todas sus manifestaciones. Si esto me hace menos colombiana, aceptaré ser juzgada con palabras de intolerancia por quienes viven de señalar mientras inmóviles ven a las víctimas del conflicto desde la comodidad de su casa y no hacen nada.